viernes, 22 de abril de 2011

Pensamiento automático

La primera Edición de 62/Modelo para Armar salió en Buenos Aires en 1968, con esta portada:


Esta portada de 62/Modelo para Armar no vuelve a acompañar al libro, aún se puede comprar por internet. La 2ª edición pretende dar un paso más y une las ciudades del libro, o las que pretenden ser las ciudades...



Las hay en naranja, seguramente de los 70,


en sobrio negro, (esta es preciosa)


con un dibujo como de cómic,


con la Torre Eiffel desmontada o demontándose,


o la mía, que es como un maniquí-puzzle:


El cuenta kilómetros de mi coche es digital, así que cuando llega a 62 aparece un gran número que me trae inmediata la imagen de 62 con el plano de la ciudad, algo que sólo vi una vez, en una biblioteca creo recordar,


Y creo que es lo mismo que le pasa a algunos cronopios que vagan buscando sombras verdes, que las encuentran por todas partes. O al menos es la única explicación que encuentro para relacionar este anuncio de un coche con el cuento de Cortázar ...


Nacho Gayán, el realizador, cronopio, cronopio, "la idea no es tan importante", "la gente es mucha más inteligente de lo que los clientes piensan", aqui se cuenta en una entrevista:


Y este es el pensamiento automático que nos acompaña, como siendo tú pensado por el pensamiento, sirviéndole de instrumento, cuánto daño nos has hecho Julio, ese cronopio.



3 comentarios:

ives dijo...

Brillante......
Como única pega pondré el cambio de aspecto que ha sufrido (hago hincapié con el "sufrido") la interfaz del blog. Tan solo podría estar justificada por la intención de expresar un estado anímico....
¿Qué me estoy perdiendo?

Ladybug dijo...

Tan sólo podría estar justificada por una falta de necesidad de justificarse...
Ivs Ivs Ivs te estás exponiendo... eso sólo podría estar justificado por una necesidad de emociones fuertesss

Anónimo dijo...

Cuánto daño. Mi mayor pérdida material es la de una fotografía -y posterior desaparición del objeto reproducido- de un hito kilométrico en una carretera francesa. Estaba hermosamente ajado y el rojo se había tornado naranja. Por supuesto, parecía que por allí no pasaba nadie, nunca. Muchas amapolas rojas y guijarros de un río cercano. Cuánto daño.