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viernes, 17 de julio de 2009

Me arde



- ¿Sábes a quién vi ahora?
- No sé si quiero saberlo.

- Al doctor Sosa.
- ¿Ah, si?

- Si, iba en un mercedes, pero normalito.
- Ese tío...

-Creo que iba al hospital.
- Y todavía va...

- Tranquila, tengo la matrícula.


Salvador Daaalí.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes, pero a mi una vez me retiraron una vesícula, la mía, que era una sola y venía tiempo siendo sonajero de piedras. Me dejó poco poética con todo y con nada. Al salir parece que la pobre no dijo nada, no tenía noción de patria, es lo que tiene cuando se ha estado tan dentro mío, creo, quiero creer y no (parece que la fe, dicen a la izquierda, se puede medir). Me miró fanáticamente a los ojos, como si viniera de un mismo túnel y ahora me viera desde afuera. Nos quedamos en silencio y las palabras se quedaron como movidas y hacia la izquierda, y decían lo que se dice a veces...


"Vos lo dijiste nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
sólo de a ratos parecía que iba a vivir
que iba a vencernos
pero los dos fuimos tan fuertes
que lo dejamos sin su sangre
sin su futuro sin su cielo
un niño muerto sólo eso... "





No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes, pero a mi me sonaron mucho esas frases movidas y a la izquierda, como piedras que despertaran algo que duerme con la lluvia, como si un montón de rincones comunes vinieran a verme y vaya si me vieron, los años, la tarta la reparte Candy caramelo, como si encadenaras fantasmas que arden, cómo me arde, todos los fuegos en ausencia de incendio. Y que verdad triste y nunca vista, y que lugar más sombrío aquel para despedirnos, y qué canción más tonta que sólo recordará mi capacidad de hacer daño a primeros y segundos, de hacer perder a terceros o cuartos, de salir ganando en terciopelo, de cargar pianos en la vesícula, de cargar agujeros donde antes iban...

"una sonrisa como la tuya
dulce y honda
quizá un alma triste
como mi alma
poca cosa
quizá aprendiera con el tiempo
a desplegarse
a usar el mundo
pero los niños que así
vienen muertos de amor
muertos de miedo... "

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes, pero el hueco que deja la pérdida es más hondo que la cosa misma, el objeto de pérdida se hace más grande que la esquina más rota y dolorosa del mundo, los extraños casos de ausencias que se sienten más que presencias o una complicación del no se sabe lo que se tiene hasta. Y ahora sabes que te esperan hondonadas en habitaciones vacías, textos que no sabes si escribiste para que no te los escribieran otros, pianos que se cargan para salir disparados, lo que sólo se dice por la noche, palabras que es posible (como posible es que llegue el 13 de abril y pánico, el 31 de mayo y abismo, el 17 mayo y muerte ) borrar (en) la angustia de dia......





miércoles, 30 de agosto de 2006

De lo que leo desde que no nos vemos

Desde que no nos vemos no sé ni donde vivo. Cuando llegamos a nuestro domicilio y pulsamos el botón del portero automático, solemos presentarnos con una afirmación consoladora: "Soy yo". En aquel tiempo yo tenía veinte años y estaba loco, salí de aquella casa llorando como un niño. Pero en cuanto el intrépido viajero pone los pies en el agua, comprende que los grandes viajes de ahora sólo se realizan en patera, con una tragedia apuntando en la nuca, y con muchas posibilidades de que no sobreviva ninguno de los valerosos navegantes para contar la peripecia. Había perdido un país, pero había ganado un sueño. Y si tenía ese sueño lo demás no importaba.

Ahora que no me abrazas todo parece poco, hablo con las estrellas, quizá me volví loco. Sin jefe conocido, sin tareas previstas, sin horarios que cumplir ante las responsabilidades del orbe, liberado de los grandes designios y de los dogmas providenciales, al ciudadano no le queda más programa que la vida ociosa, esa jubilación sentimental aconsejada, en paralelo, por la comodidad del presente y por las manchas crueles de las viejas banderas. ¿Qué puede hacer uno con ilusiones de doble filo en medio de la tranquilidad de un balneario? Ni trabajar, ni rezar, ni estudiar en la madrugada.

Desde que no me llamas la tristeza me espera. Se asoma a las ventanas, se esconde en las aceras, en el sudor global de los turistas, el agobio del tráfico y de las salas de espera, las visitas masificadas a los viejos recintos de la soledad, los codazos de la multitud, alimentan las cursilerías de algunas almas cándidas que pretenden buscar la verdad con el antiguo espíritu de los viajeros románticos. Junto a los perros románticos.

Ahora que no me hablas he perdido el camino y voy de barra en barra, pregunto si te han visto. La subjetividad es una deuda perpetua, un espacio que busca sentido en las facturas y las hipotecas, un lugar vacío con pretensiones de quedar cubierto. Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu. Una habitación de madera, desde que no me hablas me siento tan vacío.

La vulgaridad no sería una mala solución para el mundo, siempre que estuviese mejor repartida. En penumbras, en uno de los pulmones del trópico. Los abismos existen también en las distancias cortas. Muchos ciudadanos, en vez de buscar los mares del sur o los paisajes exóticos de la lejanía, utilizan las vacaciones para encontrarse a sí mismos. Y a veces me volvía dentro de mí y visitaba el sueño: estatua eternizada en pensamientos líquidos, un gusano blanco retorciéndose en el amor. Un amor desbocado.

Hubo tiempos en los que la gente, sobrecargada de poder y vanidad, segura no sólo de sus certezas, sino incluso del lugar que sus certezas ocupaban en la realidad. Un sueño dentro de otro sueño. Las certezas se han convertido en preguntas, en viajes preparados como ejercicios de autoayuda, y uno se acerca a las selvas, a los mares o a los desiertos con una interrogación murmurada: "¿Usted, por casualidad, no sabrá quién soy yo?". Y la pesadilla me decía: crecerás. Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto, y olvidarás. Tus últimas palabras no sabrán del olvido.

¿Saben ustedes con quién están hablando? Soy la factura de una librería, un recibo de la luz, la cuota de un sindicato, de una organización política, de Amnistía Internacional, de tres niños apadrinados y del carné de socio del Real Madrid. En fin, soy una reunión legal de causas perdidas. Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen. Estoy aquí, dije, con los perros románticos Y aquí me voy a quedar. Ahora que no nos vemos he vuelto a aquellos vicios, aprendí a echar de menos y nunca seré el mismo.

Luis García Montero.
Roberto Bolaño.
Enrique Urquijo.

lunes, 6 de marzo de 2006

sábado, 31 de diciembre de 2005

Borges o el repaso

He vuelto a Borges. En Madrid volví al lugar entre el Paseo y el Museo, donde yo imaginé un suelo Mondrian para ir a "parar los pensamientos" como decía Borges. En Barcelona volví a La Sagrada Familia y esta vez crucé el puente más alto entre las dos torres, creo que el "sEñor" no merece ese monumento a la Humanidad, no sé qué pensará Borges.
No han vuelto las dos burbujas en las que viví durante ese mes, esos estados no volvieron en mis maletas, que me cargaron hasta aqui llenas de lluvia. Intento deshacer la tormenta, rehacer la carreteras y los post de luz, pero sigue black, black, black sin que sepa el código ni el secreto del HTML. Borges tampoco sabía.
Volví con un fantasma dentro, dicen que esto sólo lo escribo para que no se entiendan las claves. No sé porqué lo escribo, tampoco sé lo que quiero, Borges respondería a las dos con un: "porque no quieres nada". No sé qué estoy buscando, ambos coincidimos en que estoy buscando algo, eso podría ser hasta verdad si y sólo si Eso no fuera la verdad.

viernes, 23 de diciembre de 2005

Causas Mágicas

He visto una verdad pequeñita,
la seguí un rato pero
lo dejé por pura supervivencia.

Esta semana alguien me dijo que aunque el acercamiento filosófico sólo pueda ser ya estético, no lo aceptaría por pura supervivencia. No sabría ser sin ese aliento de la búsqueda.

Me doy cuenta que he visto a veces esos agujeros pero no los seguí porque no sabría seguir viviendo; sólo que, en mi necesidad de entrelazamientos, me he rodeado de abismos con burbuja propia, con los que he creado vínculos inevitablemente, y ahora todos me parecen formar un sistema de culpas y disculpas entrelazadas. Explicaciones que más que causas mágicas padecen el estigma judeocristiano.

Quizá sólo por azar encontré esta semana a la Maga... También desencontré a mi fantasma, al que no le pongo vínculo porque se lo llevó en globo... Ambos en agujeros, ambos con ceremonias de paraguas y puentes... Ya no consigo creer en casualidades, ni causas mágicas... pero, hay un pero, y es que la encantadora Bo Peep ha pedido para mi "un despertar mágico", y eso, como poco, es una señal; asi que aunque supiera que es cierto, no quiero creerme que Edith es la Maga, aunque sea por supervivencia.

miércoles, 7 de diciembre de 2005

01 Life vest under your seat... y todo te parece bien, dice Pedro.
02 Deseo... no habré sabido por qué me he vuelto loco por nada, decía mi fantasma.
03 Si tu quisieras... te sentirás un ángel vivo en la economía, le decía a Helen.
04 Miedo... miedo, qué miedo que da, me digo tras Tossa de Mar.
05 Mapa de carreteras... sé que existen por lo menos cuatro formas de que vuelvas, dice la lógica.
06 Síndrome de Altamira... la dibujaba en el amor siempre sumando, dicen de volver.
07 El circo de la realidad... un desencuentro con la realidad, dicen vanidades.
08 Todo es desorden... y andan con risas los fantasmas
09 Biografía...
00 Sigo sin encontrar indización apropiada... o cómo personalizar la Biblioteconomía y sus fronteras