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domingo, 1 de enero de 2012

Cada ciudad puede ser otra


Cada ciudad puede ser otra
cuando el amor la transfigura
cada ciudad puede ser tantas
como amorosos la recorren








el amor pasa por los parques


casi sin verlos amándolos














entre la fiesta de los pájaros

y la homilía de los pinos














cada ciudad puede ser otra

cuando el amor pinta los muros














y de los rostros que atardecen

unos es el rostro del amor












y el amor viene y va y regresa
y la ciudad es el testigo















de sus abrazos y crepúsculos

de sus bonanzas y aguaceros










y si el amor se va y no vuelve

la ciudad carga con su otoño

ya que le quedan sólo el duelo
y las estatuas del amo









 Mario Benedetti.






lunes, 11 de abril de 2011

Hindi Zahra

Canta en una mezcla de inglés y bereber (o tamazigh, ). Era vigilante de sala en el Louvre y de repente se encerró en su apartamento para grabar un disco que editó, mezcló y produjo ella misma. Quien quiera saber de su éxito, que vaya a otro sitio, la historia se justifica por sí sola.

jueves, 24 de septiembre de 2009

La noticia del día


Hoy a las diez Horacio subió el Mont des Arts y tras ver que con el punzón no alcanzaba a borrar la R que le sobrara hace ya 46 años pidió visitar la antigua casa de Magritte como él la recordara de sus viajes por este siglo surrealista. Reunió a un grupo invitado de Neuróticos Anónimos en el patio y les pintó una Rayuela, ellos agradecieron como si comprendieran. Luego invitó a Lucía a elegir el cuadro que más le gustara de los de la casa, se lo llevaron sin pensar que lo tasarían en cuanto corrieran cuadro y punzón en mano; dicen que era una pistola, algo tenían que alegar por haberse quedado jugando en el patio, ese cuadro no era de nadie.

martes, 1 de septiembre de 2009

Andaba por aqui

A ella le gustaba Lucía Etxebarría. Yo podría hacer sangre con eso, pero no lo haré.
Me he acordado de ella, a la que no conozco, por ver a Lucía que no me interesa.
Yo sabía que esos gustos no eran los de él, pero no pregunté.
Cuando lo conocí no sabía que no haría nada, yo al contrario de los perros en verano, creía que lo haría.
Conozco a más gente a las que les gusta hasta la literatura de Lucía. Yo podría hacer un estereotipo de eso, pero no lo haré.
Cuando leo a Lucía me da esa sensación que necesita de dos palabras para expresarla, pero no lo haré.
Yo sabía que quizá él leería esto y no se sabría, y yo tendría que poner el quizá para protegernos a todos.
Me he acordado de cuando fui a La Ventura, solo por las fotos oscuras con francés en frases blancas rotas. Le agradecen a Lucía que no subiera las copas cuando lo compró.
A él le gustaban la culpa y las espinas, yo no sabía que era un personaje, él no sabía que yo me lo estaba inventando, asi que se dejó ser, pero no fue.

domingo, 4 de junio de 2006

La lluvia que llueve en 62...

(O lo que lleva el (otro) rio de la realidad )


"Chiapas quiere ser un centro de resistencia contra la infamia y la estupidez, y en eso está. Y en eso estamos, o quisiéramos estar, los que nos hemos enredado en las discusiones de estos días. Aquí, en esta comunidad llamada La Realidad, donde falta todo menos las ganas, cae la lluvia a todo dar...



En Chiapas hay un hotel
Km. 1 de la carretera que lleva a Ruinas
se llama a la vez Cabañas y Safari
y es una colección de lo primero
no sé de lo segundo...









Allí el hule es natural
y cuelga entre un "árbol que llora"
caoutchouc
y otro
prensado en tiras...





En Manatí se encontraron objetos-ofrenda
a los espíritus del agua...
al descubrir el hule, hace 3600 años
los olmecas de Manatí pensaron que se trataba
de un receptáculo de energía,
por su capacidad para "almacenar"
el movimiento...





Tal vez todo lo que llamamos espíritu es el movimiento de la materia”,
escribía Malevich en 1922.



"Entre mis papeles guardo un plano de la ciudad al que he ido agregando detalles, plazas, el canal del norte, a medida que mis sueños se iban internando en ella. El poema que figura en la pagina 32 del libro es una síntesis de mis sueños de la ciudad, de su recurrencia abominable, de ese andar hacia una cita jamás cumplida, de esas torpezas incontables en un hotel de habitaciones vacías. Cuando me ocurrió el episodio en el restaurante Polidor, la ciudad se incorporo por derecho propio a esa aglomeración de elementos que me impulsaban a intentar la novela y, como mucho de lo que he escrito en mi vida ha sido siempre una especie de exorcismo, llegue a esperar que el libro me liberaría de la pesadilla de la ciudad. Y mientras escribí la novela nunca soñé con la ciudad; pero cuando la termine, pocas semanas después, volví a bajar y he vuelto a bajar varias veces. Hace pocos días estuve en ella otra vez. Vi la calle de las aceras altas, el brillo lejano del canal del norte; ahora se que la ciudad seguirá siempre en mi y que si Helene llego por fin a su cita, la mía esta también agazapada en un desenlace, porque solo mi muerte acabara algún día con la ciudad"



...«lejos de ignorar la naturaleza individual del hombre o de perder la nota humana, el arte puramente plástico es conciliación de lo individual con lo universal»,
dejó escrito Mondrian antes de morir.



En Viena hay una casa llena de cuernos de animales, en la antigua Schulerstrasse,
vía que continúa hasta llegar al Danubio.
Perdido está el Hotel del Rey
de Hungría.
El río de sangre derramado por
los templarios bajó por toda la calle,
por la que subió Frau Marta
hasta perderse en la Casa del Basilísco.


Van a hacer 6 años de la inaguración,
el Puente del Milenio...
donde tuvo lugar un extraño fenómeno de sincronía
entre los pasos de todos los viandantes,
produciendo un movimiento ondulatorio
similar a la "frecuencia natural del puente",
parecía almacenar el movimiento...
al otro lado
se cruza a la Galería Tate Modern,
donde Marrast reunía a su grupo
de Neuróticos Anónimos...
Hoy espería su piedra de hule
desde el puente reinaugurado.




El Pont des Arts, de la casualidad
o las causas mágicas,
de Juan y Hèléne,
de Oliveira y la Maga...
Al fondo una de las dos islas que forma el Sena:
La Ile de la Cité,
La Isla de la Ciudad...
al otro lado


se cruza al Museo del Louvre,
sonríe atacada por un neurótico,
tras ella un rio sinuoso,
dicen que era el propio Leonardo,
que se pintó hija de dios
o mujer de mercader de Florencia.


...El estrépito de la lluvia no deja oír las voces, que a veces son ponencias de plomo o discursos de nunca acabar, pero mal que bien nos vamos entendiendo en la tronadera, porque bien valen la pena la voluntad de justicia y la luminosa diversidad del mundo. Y mientras tanto, como diría aquel lugareño de San Cristóbal que quizá se llama Julio, está lloviendo mañana la lluvia que llueve y llueve y llueve".


Eduardo Galeano
Crónica de Chiapas. 1996

domingo, 5 de febrero de 2006

Hechos de gente

Que yo sea ultrajado y aniquilado,
pero que en un instante, en un ser,
Tu enorme Biblioteca se justifique.

Tres veces, tres, se ha resistido este post. La presión de un público que se precipita, mojado en la inacción. De señales iba. De excentrarse para encontrar el centro, pero ocurrió que nada sucede, como Auden ya pensó, en la inutilidad de las palabras. "Hechos, no palabras", decía el eslogan del PP, creo que en el 1993, luego lo cambiaron por uno menos delator pero sin esa contundencia que en la acción se demuestra. Si aún sirve la intención, no era clara, pero sí distinta, aunque asumo que "lo difuso sigue sin tener ninguna fuerza".

Mientras que las frases se tallen en muebles o en muñecas, con un punzón, un rotulador o un vidrio no podré mirarme sin intención de pasado, sin que las señales sean obvias sólo porque yo las vea. Y cómo salir de esta espiral, círculo vicioso, o simetría dinámica, que suena más a rio, a risa perdida. Hace ya un año le decía, a una de las burbujas que no están, que nisiquiera sabía si el que hubiera un Sentido tendría sentido. Sigo en la esquina de esa calle sin salida, pero yo veo un centro, una burbuja, un París en la mochila de los 17 años, un pliegue que "nadie habrá dejado de observar".

A Punset le libró de la melancolía el "haber ido de obsesión en obsesión". No tenía tiempo para deprimirse. A mi la obsesión no me ha librado de encontrar en todos los caminos agujeros negros, señales que no cambio por ningún deseo innato. ¿Son de Verdad "velos en el corazón" los que me impiden aceptar que "el deseo innato de todo hombre y mujer es la felicidad" y no la justicia?

La Felicidad Hedonista, la Comprometida y la Significativa. La ciencia admite tres niveles de concepto difuso, encontrar la fuerza, los límites de la ciudad, encontrar la salida. ¿Salir de la Ciudad? ¿Encontrar el centro?. Ser Uno con lo que se hace. La teoría M resumida en un restaurante chino seis polvos después de la felicidad primera. Los contornos del anillo de Júpiter, tan imposible como simplicar compromiso a sólo una palabra sin hacer. El significado del gato y su caja, la paradoja de un ser vivo y muerto porque todo es relativo, si no fuera porque hubo un ¿Y? en una playa tras una ecuación de onda imaginada en un muro, tan cerca de la felicidad tercera, ni es que estuvo cerca. Todos hechos de gente.

"Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo."

¿Es la justicia una felicidad significativa? ¿Es Una o La? ¿Es mi critero o es universal? ¿Se puede ser Uno? ¿Será mi Culpa si confio? ¿Será un velo si no Creo?. Me han preguntado por el sentido del Blog, por su objetivo, quizá haya que esperar que él solo se justifique, acaso en sus afueras:


(II)
¿Quién?
¿Quién es el dormido?
Si me callo, ¿respira?
Alguien está presente
que duerme en las afueras.

Las afueras son grandes,
abrigadas, profundas.
Lo sé pero, ¿no hay quién
me sepa decir más?

Están casi a la mano
y anochece el camino
sin decirnos en dónde
querríamos dormir.

Pasa el viento. ¿Le llamo?
Si subiera al salón
familiar del octubre
el templado silencio
se aterraría.

Y quizá me asustara
yo también si él me dice
irreparablemente
quién duerme en las afueras.



(IV)

Como la noche no

quiero que tú desciendas,

no quiero cumplimiento

sino revelación.

Desciende hasta mis ojos,

veloz, como la lluvia.

Como el furioso rayo,

irrumpe restallando

mientras quedan las cosas

bajo la luz, inmóviles.

Que no quiero

la dulce caricia dilatada,

sino ese poderoso

abrazo en que romperme.