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lunes, 28 de febrero de 2011

Russell como un boomerang

Leo, siento y padezco a Jose M. Sánchez Ron en un artículo sobre Bertrand Russell en el que al mentar la verdad no se le tuerce el gesto. (Al menos no se le tuerce que yo sepa o que yo intuya). A Russel lo leí primero en textos sueltos, luego en Por qué no soy cristiano, y más tarde en otros textos más escogidos, confieso, como S. Ron, que no entendí Principia Mathematica.

Cito dos párrafos que él cita. Y los suscribo, sobre todo por su economía de medios.

"Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación"

No dice búsqueda de amor, ni ansia de conocimiento, y sí dice "insoportable piedad" y "angustia". Parece todo el conjunto tan exacto y cerrado como total que suma más que las partes.

"Puede que haya concebido equivocadamente la verdad teórica, pero no me equivoqué en pensar que existe tal verdad y que merece nuestra lealtad. Puede que haya creído que el camino hacia un mundo de hombres libres y felices era más corto de lo que se está revelando, pero no me equivoqué al pensar que ese mundo es posible, y que merece la pena vivir con miras a volverlo realidad".

Lo que me pasaba antes cuando leía estas cosas es que me recorría la misma angustia, la mismita que leo en Russell, la del obsesivo buscador, ansioso y angustiado. Y sin embargo, esa esperanza del filósofo de estar en el camino, esa también me suena, a pesar de estar en el mismo mundo de los que se levantan a la 7 para hacer el mísero trabajo de ganar dinero para otro al que no le importa nada la verdad ni la lealtad, y a pesar de eso aún creo, aún mantengo la esperanza, la mismita que genera la angustia.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Domingo

Este domingo es perfecto, con el perdón de los domingos anteriores... El País (formato papeeel), el café (recién molido, o mejor molido recién), Pan con mantequilla (y la tostadora Reina IV o V), Chema con su pelotita (tocando las susodichas también), Ray Loriga hablando de los malos que son los sueños de los despiertos (no es así, y no importa), New York New York (y las que vengan de Sinatra), Moneo con la palabra justa (un hallazgo comparable a la entrevista de Tápiès cuando decía que a sus 83 años todavía creía que se podía cambiar el mundo, "y te crees que con palabras limpias la casa" se oye de fondo), Resaca (de las buenas, lo recuerdas todo y no te duele nada, términos absolutos y sin embargo), Cartas para mí (incluso para nosotros, si ese pronombre existiera o existiese), y Otras que aquí no pueden decirse pero que se sobredimensionan cual viga de cuelgue. Perdón por la alegría y por las canciones de todo y nada, que yo juraría son intercambiables, hay tantos caminos de fuego, todos los fuegos el camino.

Uno puede escuchar sólo la primera, y se quedará con una versión bastante aproximada de lo que aquí no se explica, también podría saltársela y pasar directamente a la segunda, en cuyo caso sería como leer los capítulos prescindibles, algo que quizá dé una visión aún más inexacta y más perfecta de la realidad que no se ve; uno puede también escucharlas en el orden que están, en ese caso la primera modificaría la segunda en justa medida. Y por último uno puede ir a la última y luego escuchar la de Calamaro, y en ese caso, se entiende todo perfectamente para siempre por un tiempo.



lunes, 16 de noviembre de 2009

jueves, 16 de noviembre de 2006

Naranjo en flor

En estos dias de pronto tan ciertos, me entretengo escuchando esto:

Naranjo en flor


Era más blanda que el agua
que el agua blanda
era mas fresca que el rio
naranjo en flor

y en esa calle de estío
calle perdida
dejó un pedazo de vida
y se marchó


primero hay que saber sufrir
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento
perfume de naranjo en flor
promesas vanas de un amor
que se escaparon en el viento


después que importa del después
toda mi vida es el ayer que se detiene en el pasado
eterna y vieja juventud
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz

que le habrán hecho mis manos
que le habrán hecho
para dejarme en el pecho tanto dolor
dolor de vieja arboleda
canción de esquina
con un pedazo de vida
naranjo en flor


primero hay que saber sufrir
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento
perfume de naranjo en flor
promesas vanas de un amor
que se escaparon en el viento


después que importa del después
toda mi vida es el ayer que se detiene en el pasado
eterna y vieja juventud
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz
sin luz...



Ándrés Calamaro.
(Es por contrarrestar
tanto silencio...
y tanta alegría)

lunes, 22 de mayo de 2006

Certezas y perplejidades de dormitorio

Dormitorio y nada
(en felicidad primera)

Perplejidades
Los errores necesarios
Te estoy escuchando
al amanecer
(en mi Felicidad tercera)
(que en certezas se apoyan…)
(en Felicidad Segunda)

A puerta cerrada
(en Soledad última)




Espera. Cuando salgo del dormitorio me detengo y vuelvo mi perpleja cabeza de Lázaro. Allí estuve yo donde dormí cien años, sin fumar, ni cambiarme de ropa,
sumergido en la negación, sin culpas, aguas abajo,
puro bulto fisiológico, montón tan impolítico que, no sé,
a lo mejor daba gusto.

Un mínimo de fe para buscar a tientas la camisa más despierta. Una especie de convicción para sentirme apto. En la oscuridad menguante, el dormitorio huele a existencia en bruto, a ropa fría, a zapatos caídos con toda la neura encima. Esto insiste en tener algo que ver conmigo.

Considere usted cómo enternece el error del joven poeta que supone en su cabeza los laureles más genuinos de la época; del mismo modo el hombre que llegó aullando a la comisaría suponía que toda la justicia del mundo se concentraba allí para ocuparse de su caso.
Piense que en certezas de ese tipo se apoya el movimiento de la historia,
el principio y el fin de los años,
el régimen de los ríos y las dinastías del poder.

Escucho tus movimientos en la habitación contigua; tu respiración bajo la luz menguante,
cómo revuelves cosas hurgando entre papeles, objetos que ceden a tu mano libre.
Una existencia en firme, imbatible, maciza, bien resuelta y continua.
Mi perplejidad de este lado de la pared, alimentada por tu rumorosa pulsación.


Desde la calle los ruidos ciegos y la jadeante respiración de la materia manufacturada suben con sus propias razones para vivir.
He allí lo espumoso, la tierra triunfante que apenas me concierne.
Pero la camisa ya pierde su inocencia,
reclama relaciones y el perpetuo fracaso de la identidad
en el amanecer de este día laborable.

Si el misterio nos separa como una lámina traslúcida
¿cómo creer en la indiferenciacon
que el universo te deja en libertad?

Allí la esperanza está fuera de cuestión pues se trata de otra cosa,
mientras usted sueña o se muerde los puños, escupe su bilis y no está seguro de nada.
Pero no se pregunte en qué equivocación ponen los pies para andar sin caerse.
Ellos sostienen que nada justifica el mundo sino sus propios
delirios personales.
Y deben estar en lo cierto, a menos que ese mismo mundo esté allí
sin
finalidad alguna.

…La realidad privada paraliza su regreso al viejo desastre,
a la recurrente y oscura oportunidad.
¿Qué clase de verdad hay en esa negación?
¿Qué mano de la época pone las opciones individuales en punto muerto?
En el cerebro cerrado circula un gemido que nos retiene al borde de
la respiración universal del día.

Desconocido espacio, mi medida. Qué más da ser oscuro, no abordable.
Cada mentira, cada salivación no envenenan otro cuerpo
que aquel que la segrega.
Sumergido lenguaje.Insondables materiales de uno mismo.
Qué importa no abrirse en retórica descifrable,
si año tras año voy componiendo líneas
que nadie palpa rastros de baba contra natura.

sábado, 25 de marzo de 2006

De lo Bello y lo Sublime (3)


“La inteligencia es sublime; el ingenio, bello; la audacia es grande y sublime; la astucia es pequeña, pero bella”.

Partiendo de una ética material, basada en los fines, encontramos la que será la ética de este siglo, la de la Felicidad, y aquí retomo algo que apunté en un post anterior y que ha seguido emergiendo como las ideas iceberg de las que hablaba Capote. Son los tres tipos de Felicidad de Martin Seligman:

Felicidad Hedonista:
“la vida de placer , de emociones positivas: risas, sonrisas, estar de buen humor”.
Felicidad Comprometida:
“la vida comprometida, ser UNO con las cosas; absorto, inmerso, en el amor, el trabajo, con los hijos, con el ocio, con las amistades”.
Felicidad Significativa:
“la vida significativa, y es la que tiene el mejor componente de inteligencia. Está basada en el significado, y creo que se trata de saber cuáles son los puntos fuertes y utilizarlos para pertenecer y servir para algo que crees que es mayor que tu”.

He visto un paralelismo entre estas felicidades, lo bello y lo sublime, y los temperamentos:

La Felicidad Hedonista es la del temperamento sanguíneo, sensible a lo bello. Absorto en el placer.

la Felicidad Comprometida es la del temperamento colérico, sensible a lo sublime aparente. Entregado a la acción.

La Felicidad Significativa es la del temperamento melancólico, sensible a lo sublime veraz. Buscando un significado.

También cuando evocaba esas felicidades, las recordaba con personas que se corresponden con estos tres tipos de temperamento, quizá yo tampoco pueda asociar la felicidad con el temperamente "neutro". Casualmente habla Kant que la contemplación del día soleado encierra una belleza tranquila, pero el rugir de las olas en la tormenta produce una impresión de fuerza sobrecogedora que roza lo sublime.

PD: Estoy con otras correspondencias, las dejo para cuando hagan el test de Keirsey. Ya dije que era largo, pero el resultado es que de pronto eres un tipo, y de él sale un subtipo, y asi podremos discutirlo. Creo que hay más de un guardián por ahi ;)

miércoles, 1 de marzo de 2006

Serendypia

Con catorce años me encantaba esta canción, pero no creía ni una palabra... Hoy me pasa todo lo contrario:

"Parecíamos buenos sonriendo a los niños
hablando de perros, amor y asesinos
Jugamos a indios contra vaqueros
ahora estás vivo, ahora estás muerto.

Un día de vagos en otra cuidad
si me das un trago te enseño a bailar
Dame la mano y dame ahora un beso
no te hagas el duro que no me lo creo

El día que yo fui feliz
nadie tocaba el violín
ni una maldita florecita
ni arcoiris sobre mí

Andábamos casi a dos metros del suelo
limpios y guapos, caídos del cielo
Compré una historieta de Corto Maltés
tú una chaqueta de soldado inglés
Luego borrachos en un club de Jazz
creo que hablamos un poco de más
Quiero que siempre te quedes conmigo
ahora que tú eres mi único amigo

El día que yo fui feliz
nadie tocaba el violín
ni una maldita florecita
ni arcoiris sobre mí

El día que yo fui feliz
nunca pensé que fuera así
y como nadie me avisó
no me di cuenta y me dormí"

domingo, 5 de febrero de 2006

Hechos de gente

Que yo sea ultrajado y aniquilado,
pero que en un instante, en un ser,
Tu enorme Biblioteca se justifique.

Tres veces, tres, se ha resistido este post. La presión de un público que se precipita, mojado en la inacción. De señales iba. De excentrarse para encontrar el centro, pero ocurrió que nada sucede, como Auden ya pensó, en la inutilidad de las palabras. "Hechos, no palabras", decía el eslogan del PP, creo que en el 1993, luego lo cambiaron por uno menos delator pero sin esa contundencia que en la acción se demuestra. Si aún sirve la intención, no era clara, pero sí distinta, aunque asumo que "lo difuso sigue sin tener ninguna fuerza".

Mientras que las frases se tallen en muebles o en muñecas, con un punzón, un rotulador o un vidrio no podré mirarme sin intención de pasado, sin que las señales sean obvias sólo porque yo las vea. Y cómo salir de esta espiral, círculo vicioso, o simetría dinámica, que suena más a rio, a risa perdida. Hace ya un año le decía, a una de las burbujas que no están, que nisiquiera sabía si el que hubiera un Sentido tendría sentido. Sigo en la esquina de esa calle sin salida, pero yo veo un centro, una burbuja, un París en la mochila de los 17 años, un pliegue que "nadie habrá dejado de observar".

A Punset le libró de la melancolía el "haber ido de obsesión en obsesión". No tenía tiempo para deprimirse. A mi la obsesión no me ha librado de encontrar en todos los caminos agujeros negros, señales que no cambio por ningún deseo innato. ¿Son de Verdad "velos en el corazón" los que me impiden aceptar que "el deseo innato de todo hombre y mujer es la felicidad" y no la justicia?

La Felicidad Hedonista, la Comprometida y la Significativa. La ciencia admite tres niveles de concepto difuso, encontrar la fuerza, los límites de la ciudad, encontrar la salida. ¿Salir de la Ciudad? ¿Encontrar el centro?. Ser Uno con lo que se hace. La teoría M resumida en un restaurante chino seis polvos después de la felicidad primera. Los contornos del anillo de Júpiter, tan imposible como simplicar compromiso a sólo una palabra sin hacer. El significado del gato y su caja, la paradoja de un ser vivo y muerto porque todo es relativo, si no fuera porque hubo un ¿Y? en una playa tras una ecuación de onda imaginada en un muro, tan cerca de la felicidad tercera, ni es que estuvo cerca. Todos hechos de gente.

"Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo."

¿Es la justicia una felicidad significativa? ¿Es Una o La? ¿Es mi critero o es universal? ¿Se puede ser Uno? ¿Será mi Culpa si confio? ¿Será un velo si no Creo?. Me han preguntado por el sentido del Blog, por su objetivo, quizá haya que esperar que él solo se justifique, acaso en sus afueras:


(II)
¿Quién?
¿Quién es el dormido?
Si me callo, ¿respira?
Alguien está presente
que duerme en las afueras.

Las afueras son grandes,
abrigadas, profundas.
Lo sé pero, ¿no hay quién
me sepa decir más?

Están casi a la mano
y anochece el camino
sin decirnos en dónde
querríamos dormir.

Pasa el viento. ¿Le llamo?
Si subiera al salón
familiar del octubre
el templado silencio
se aterraría.

Y quizá me asustara
yo también si él me dice
irreparablemente
quién duerme en las afueras.



(IV)

Como la noche no

quiero que tú desciendas,

no quiero cumplimiento

sino revelación.

Desciende hasta mis ojos,

veloz, como la lluvia.

Como el furioso rayo,

irrumpe restallando

mientras quedan las cosas

bajo la luz, inmóviles.

Que no quiero

la dulce caricia dilatada,

sino ese poderoso

abrazo en que romperme.