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domingo, 12 de septiembre de 2010

404. File not found

A todos nos ha pasado, después de un click entramos en el error HTTP 404, “archivo no encontrado”. El navegador ha podido comunicarse con el servidor pero el archivo “no existe”. ¿De dónde viene este mensaje de error? ¿por qué 404 y no 2066?... pues viene de algún sitio, y no es porque haya 403 anteriores...

Este mensaje viene de los inicios de Internet en el CERN. Este centro de investigación tenía el “ambicioso proyecto” de conectar unos ordenadores en red, haciendo su contenido accesible en varios formatos que permitieran lo que finamente han llamado “hipertextualidad”.

La hipertextualidad no es más que conectar varios textos, con la peculiaridad que el primero contiene a los anteriores mediante enlaces, es lo que Ana Rosa llamó “error informático”, y luego Lucía Etxebarría llamó “error material” al utilizar los textos del psicólogo Jorge Catelló sin citarlo, o sin enlazarlo, como se prefiera. Es también la Biblioteca de Borges, incluso es también y tampoco Nira Juanco.

Al entrar en una página el navegador envía a los DNS (domain name servers) la petición de la información relacionada con una IP, que se relaciona a su vez con un dominio, cuando lo encuentra, le pide los archivos que componen la página, sean texto, imágenes, etc. Este trabajo ya anodino y ordinario de la página web, lo hacían en el CERN tres personas en una habitación ubicada en el apartamento 404. Cuando no encontraban la información mandaban: “Room 404: file not found”.

Este texto hipertextual será hipotexto de otro, que lo será del próximo, hasta volver al primero, que nunca sabremos cuál fue. En el CERN, que sigue haciendo cosas que nadie comprende, los chicos de la Generación pospostpost 404 han hecho un rap (hace tiempo, no es rabiosa actualidad) que explica lo que están buscando, y quién sabe para qué servirá, sólo existe la intuición de lo que podría explicar, como la intuición de la hipertextualidad de la 404, …por ahora la partícula sigue not found.

CERN Rap from Will Barras on Vimeo.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Carmen, Ray, Cristina.

Iba en el coche, quizá fue esta semana, y escuché a alguien explicar que cuando un quart unido a otro, o "enredado" se separa, aunque estén a gran distancia, si se cambia el spin a uno, el otro lo cambia instantáneamente. Es el enredo cuántico a lo que Einstein llamó "distancia espeluznante". Esto lo decía Carmen París, hablando de cómo se le ocurrió el bolero de su disco Incubando, leyendo La ciencia antigua y el misterio de la Luna, que sostiene la hipótesis "inverosímil" de la Luna es un satélite artificial.


Hay algo que nos inquieta,
nos rodea
¡qué distancia espeluznante!
De tu puerta hasta la mia,

Si la mides, Un océano contempla…
Emociones largamente maniatadas,
se pasean desvestidas
y por eso nuestras almas en su danza,
vida mía, no se pueden desligar.


"Jamás se me ocurriría imaginar que podrías consolarte
algún día de Juan con algún otro,
aunque naturalmente lo harás porque todos acabamos haciéndolo,
pero será otra cosa, quiero decir que no lo harás deliberadamente,
como quien cierra una puerta" (62)
Iba en el coche, quizá no esta semana, y escuché en la radio a alguien explicar que escribía de los sentimientos, que era lo único que le interesaba. Hablaba de un hombre enamorado del amor, un amor que no es un “intercambio inmediato de bienestares”, sino algo como una obsesión noble, algo demasiado hermoso para según qué bares. Una defensa fiera de no dejarse derrumbar por las circunstancias, es decir, el amor como voluntad, no como víctima de una circunstancia concreta. Era Ray Loriga. El programa de radio era el mismo, también la hora, yo iba al mismo sitio, y lo que pasó después modificó lo escuchado antes, si es que tiene sentido hablar de antes y después.


“Todos los conceptos esenciales que manejamos como sociedad son estrictamente literarios. Seríamos monos sin saber qué nos pasa sin las palabras.”

Y resulta que esa distancia es fruto de un error, una gran equivocación de traducción, es lo que se llama un fatal bug. Como si no hubiésemos entendido nada al entrar en el restaurante Polydor y escuchar que piden un castillo sangriento, como si la interpretación fuera fruto del azar, esa distancia espeluznante es lo que Einstein en realidad (hay que llamarlo de alguna manera Hélène) llamó una "espeluznante acción a distancia".

Y hay quien dice que esa "espeluznante acción a distancia" podría ser la clave para la "propulsión de espacio profundo", la idea es aplicar un sistema de impulso iónico como forma de propulsión de un cohete utilizando una corriente de partículas cargadas, o iones, como chorro de salida. El impulso iónico proporciona una relación menor de empuje-peso que los cohetes químicos, pero a causa de su muchísimo más lento consumo de combustible, pueden acelerar gradualmente una nave hasta velocidades que ningún cohete químico puede alcanzar. Espacio profundo, a distancia infinita de la ecuación de onda del puñal y la memoria.


En ese fruto del azar e intercambio de quarts y spines, fruto de un error fatal, la distancia fue una acción espeluznante y rapidísima por lo rápida que es la vida, e ingresé en un estado blue, blue, blue, del que ni Martín Romaña sabría decir si es materia o espíritu lo que se transforma para recordarte cómo vas perdiendo el tiempo en defender lo que no te importa nada, mientras las batallas se van librando ya sin ti, con el tiempo vencido, el tiempo infinito del que ya no va a buscar nada. Un gran error, un simulacro.

Todo el mundo creo que tiene una novela que escribir pero no encuentra el hueco para hacerlo. Si es que todos creemos que somos fascinantes y necesitamos un hueco para contarlo”

"En un tiempo Morelli había pensado un libro que se quedó en notas sueltas. La que mejor lo resumía es ésta: "Psicología, palabra con aire de vieja. Un sueco trabaja en una teoría química del pensamiento. Química, electromagnetismo, flujos secretos de la materia viva, todo vuelve a evocar extrañamente la noción del mana; así, al margen de las conductas sociales, podría sospecharse una interacción de otra naturaleza, un billar que algunos individuos suscitan o padecen, un drama sin Edipos, sin Rastignacs, sin Fedras, drama impersonal en la medida en que la conciencia y las pasiones de los personajes no se ven comprometidas más que a posteriori. Como si los niveles subliminales fueran los que atan y desatan el ovillo
del grupo comprometido en el drama.
O para darle el gusto al sueco: como si ciertos individuos incidieran sin proponérselo en la química profunda de los demás y viceversa, de modo que se operaran las más curiosas e inquietantes reacciones en cadena, fisiones y transmutaciones."

Capítulo 62 de Rayuela.


“Todo lo que no sea amor, no es nada.
El resto de temas me interesan muy poco.
Y si mi interesan es con el sonido del amor.
Con esa música, ya sea con la del amor,
el desamor, el intento, la búsqueda, el fracaso...
Para mí es la música que suena
alrededor de todo lo demás.
El amor es como meter la luz en la habitación:
una vez que se enciende, puedo ver el resto de las cosas.”

"Todo sería como una inquietud, un desasosiego, un desarraigo continuo, un territorio donde la causalidad psicológica cedería desconcertada, y esos fantoches se destrozarían o se amarían o se reconocerían sin sospechar demasiado que la vida trata de cambiar la clave en y a través y por ellos, que una tentativa apenas concebible nace en el hombre como en otro tiempo fueron naciendo la clave-razón, la clave-sentimiento, la clave-pragmatismo. Que a cada sucesiva derrota hay un acercamiento a la mutación final, y que el hombre no es sino que busca ser, proyecta ser, manoteando entre palabras y conducta y alegría salpicada de sangre y otras retóricas como esta."

“lo que me divertía de esta historia es que es un tipo que va a la desgracia como quien va a la feria, con enorme entusiasmo. Me gusta pensar en Sebastián como alguien que se hunde en un río con una piedra y no quiere soltarla. Y no tiene por qué hacerlo. Tampoco creo que haya nada de masoquismo. Hay algo de aprecio por lo que es tuyo. La dignidad de este personaje es que no deja que le roben lo que es suyo.”

Sin embargo, el fenómeno de la espeluznante acción a distancia" sólo podría darse a una velocidad superior a 10.000 veces la de la luz. Esa increíble velocidad considerada como mínima para que pueda darse semejante fenómeno hace pensar que su existencia en la naturaleza es "inverosímil".


“Creo que la química secunda al amor pero no lo impone. Creo en el amor que construye enamoradas y dioses que viene a ser casi lo mismo.”

Cortázar murió diciendo que le faltaba por escribir la novela en que hablaría de todas las mujeres que habían pasado por su vida.

Sebastián "Se sabe muerto ahora,
pero no muerto para siempre".





“Nunca para ti es quizá

yo no me equivocaba

la desazón se va a llevar

en esta temporada

tal vez no debí dejar

que jugaras con mi falda

que difícil es guardar

la distancia adecuada…”


Cristina Rosenvinge.

Tu labio superior.


domingo, 5 de febrero de 2006

Hechos de gente

Que yo sea ultrajado y aniquilado,
pero que en un instante, en un ser,
Tu enorme Biblioteca se justifique.

Tres veces, tres, se ha resistido este post. La presión de un público que se precipita, mojado en la inacción. De señales iba. De excentrarse para encontrar el centro, pero ocurrió que nada sucede, como Auden ya pensó, en la inutilidad de las palabras. "Hechos, no palabras", decía el eslogan del PP, creo que en el 1993, luego lo cambiaron por uno menos delator pero sin esa contundencia que en la acción se demuestra. Si aún sirve la intención, no era clara, pero sí distinta, aunque asumo que "lo difuso sigue sin tener ninguna fuerza".

Mientras que las frases se tallen en muebles o en muñecas, con un punzón, un rotulador o un vidrio no podré mirarme sin intención de pasado, sin que las señales sean obvias sólo porque yo las vea. Y cómo salir de esta espiral, círculo vicioso, o simetría dinámica, que suena más a rio, a risa perdida. Hace ya un año le decía, a una de las burbujas que no están, que nisiquiera sabía si el que hubiera un Sentido tendría sentido. Sigo en la esquina de esa calle sin salida, pero yo veo un centro, una burbuja, un París en la mochila de los 17 años, un pliegue que "nadie habrá dejado de observar".

A Punset le libró de la melancolía el "haber ido de obsesión en obsesión". No tenía tiempo para deprimirse. A mi la obsesión no me ha librado de encontrar en todos los caminos agujeros negros, señales que no cambio por ningún deseo innato. ¿Son de Verdad "velos en el corazón" los que me impiden aceptar que "el deseo innato de todo hombre y mujer es la felicidad" y no la justicia?

La Felicidad Hedonista, la Comprometida y la Significativa. La ciencia admite tres niveles de concepto difuso, encontrar la fuerza, los límites de la ciudad, encontrar la salida. ¿Salir de la Ciudad? ¿Encontrar el centro?. Ser Uno con lo que se hace. La teoría M resumida en un restaurante chino seis polvos después de la felicidad primera. Los contornos del anillo de Júpiter, tan imposible como simplicar compromiso a sólo una palabra sin hacer. El significado del gato y su caja, la paradoja de un ser vivo y muerto porque todo es relativo, si no fuera porque hubo un ¿Y? en una playa tras una ecuación de onda imaginada en un muro, tan cerca de la felicidad tercera, ni es que estuvo cerca. Todos hechos de gente.

"Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo."

¿Es la justicia una felicidad significativa? ¿Es Una o La? ¿Es mi critero o es universal? ¿Se puede ser Uno? ¿Será mi Culpa si confio? ¿Será un velo si no Creo?. Me han preguntado por el sentido del Blog, por su objetivo, quizá haya que esperar que él solo se justifique, acaso en sus afueras:


(II)
¿Quién?
¿Quién es el dormido?
Si me callo, ¿respira?
Alguien está presente
que duerme en las afueras.

Las afueras son grandes,
abrigadas, profundas.
Lo sé pero, ¿no hay quién
me sepa decir más?

Están casi a la mano
y anochece el camino
sin decirnos en dónde
querríamos dormir.

Pasa el viento. ¿Le llamo?
Si subiera al salón
familiar del octubre
el templado silencio
se aterraría.

Y quizá me asustara
yo también si él me dice
irreparablemente
quién duerme en las afueras.



(IV)

Como la noche no

quiero que tú desciendas,

no quiero cumplimiento

sino revelación.

Desciende hasta mis ojos,

veloz, como la lluvia.

Como el furioso rayo,

irrumpe restallando

mientras quedan las cosas

bajo la luz, inmóviles.

Que no quiero

la dulce caricia dilatada,

sino ese poderoso

abrazo en que romperme.